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el fuego, el mar, el niño
Galería NAC, Santiago de Chile
2019

Que el oro provenga de la rudeza de piedras ásperas y opacas fascina.

 

La niña descubre el color escondido bajo el papel mural.

 

No todo lo que no brilla no es oro.

 

Cuál es la piedra, cuál el metal; qué esconde a qué.

 

Con instinto de minera, temple de alquimista y mano de niña, la Colomba materializa la sorpresa.

 

Los mundos que descubre una grieta, los mundos que encubre una piedra.

​

El experimento como resultado, el oficio como aparición, el material como fascinación.

La niña introduce su mano en la arena.

 

Desglosa piedritas e intenta asir los escurridizos reflejos dorados. Con un imán amalgama los elementos grises, que moldea y deshace.

 

La niña rasguña el banco de la plaza, la superficie de la tierra, la piel.

 

Con disciplina de geóloga y uña de niña, la Colomba recuerda la historicidad de la materia.

 

Ese antes que existe en cada cosa.

Emergen las superficies.

 

Superficies como nenúfares detenidos en el vacío, sostienen a su vez formas o casi formas.

​

A la altura de la niña, irrumpen en el espacio estratificado.

 

Superficies como eventos. Latencia de una infinitud de capas y estratos.

 

La Colomba esculpe como excavando. Pinta como esculpiendo. Traza como iluminando. Dibuja desdibujando.

Azar, Hacer, Asir.

 

La materia es autora. La técnica es regresión, origen.

 

Monta y se desmonta, vuelve sobre sí misma, se anula a sí misma, entreteje el silencio.

 

Persistente y cadenciosa, da voz al azar y tacto al mirar.

Del mar al fuego, del fuego al mar. La Colomba explora la línea compartida entre los

reflejos de luz y las huellas del mar en la arena; las ondas del agua y las capas geológicas.

 

Que es la misma línea.

​

Las réplicas son infinitas como las mareas.

 

Pero cada ola es única, cada llama, existe en un momento.

 

Las obras de la Colomba son capturas, instantes dentro de un movimiento que las antecede y que continúa,como una onda perpetua.Su existencia es dramática y sutil.

Sorpresa y nobleza. Forma y descomposición. Caos y delicadeza. Juego y escrutinio. Historia natural y reacción química.

 

Ninguna obra es menos que una infinitud de cosas.

Texto por Amparo Fontaine

Colomba Fontaine - NAC 2-29_edited_edite
Colomba Fontaine - NAC 2-35_edited.jpg

Usar la pala para desenterrar palas

(y con esas palas desenterrar nuevas palas).

​

Por Diego Santa María 

I.

 

El niño escarba en el muro de adobe y siente que rasca su piel. La uña, la gubia. Unagujero al lado del otro, unos pequeños, otros todavía más.

Mínimas concavidades como dedales, anillos de barro.

Una hermosa colección de profundidades.

La tierra es cruda, como cruda es la piel bajo la piel.

La caverna, el túnel.

Mientras mas entramos, menos vemos.

Es que eso es la profundidad. En lo geológico y en el pensamiento.

Intensa, acentuada, aguda insufrible.Abismal.

II.

 

La madre de Helga, Helga Erna en la Alemania de 1940, encontró entre escombros cáscaras de huevo que con las yemas de sus dedos molió para luego mezclar con agua.

Pasta calcárea densa, casi yeso en una cuchara única, única y brillante.

Espejito espejito… Destello lumínico de un misil en tu recipiente espejado para frenar elhambre feroz y veloz.

“La supervivencia es compleja, como aún mas complejo es el hambre” me dijo.

Es doloroso pensar en el cuerpo algunas veces.

La madre de Helga se llamaba Ida, Ida.Ida.

III.

​

Piedra adictiva y comestible, pule y afila cada uno de mis dientes, empequeñécelos y blanquéalos, transfórmalos en delgadas conchas anacaradas. Reales puntas de flecha.

Filosas, letales. Cordillera segunda madre.

Manos guayasaminescas, surcos de tierra seca. Cuentan sus días como contamos 10 conlos 9 dedos.

Nairobi.

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