COLOMBA FONTAINE
@colombafontaine
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Jardín Seco
Galería NAC, Santiago de Chile
2024

“Jardín Seco” es la segunda exhibición individual de Colomba Fontaine en Galería NAC.
En esta oportunidad nos presenta una serie de piezas escultóricas y una
gran pieza mural. Para esta instancia, la artista trabaja principalmente con elementos minerales, los que, indagando en procedimientos químicos, logra fusionar, en la configuración de piezas que se comportan como si fuesen organismos, ya que no cesan de crecer, expandirse, modificar sus formas y color. Esta exhibición es una especie de Jardín de piedras, una instalación mineral donde cada cuerpo escultórico se encuentra en estado de auto construcción.


Esta exhibición me ha hecho pensar sobre que está vivo y qué no lo está. Estánestas esculturas vivas o están más bien muertas? Si están muertas (si son cosas yno seres), por qué crecen, por qué se mueven? Qué tipo de reacción hay ahí enun espacio microscópico que el ojo no puede detectar, que anima un movimiento,incluso una expansión? Es la ciudad una cosa viva o es más bien una estructuracadavérica que se comporta como un cuerpo en expansión en la medida que losseres que la habitan invierten su energía en modificarla? Somos entonces losparásitos de un cuerpo muerto pero que no cesa de palpitar? Animamos entoncescon nuestra vitalidad incansable a un ser que es como un enorme cuerpo-hábitatzombi? Me he impresionado mucho cada vez que he visto las esculturas recientesde Colomba Fontaine, precisamente en este punto en donde no se bien qué es loque veo, y si lo que veo me percibe de vuelta. Qué tipo de interacción es éstacuando el espectador no es lo único vivo? Una especie de zoológico de piedras,un jardín duro. Si las esculturas están creciendo, entonces ¿qué es la exhibición?Una especie de tiempo de despliegue de una cosa que se encuentra cambiando auna velocidad mineral. Es que todo está en movimiento, algunos que percibimos,otros que no. La cordillera pareciese ser eterna, pero lo cierto es que también esun cuerpo activo, una cosa que se ha ido edificando, formando con el tiempo. Esesto que vemos en la sala (así como la cordillera o un jardín) una cosa enformación, un momento en un estado de -lento- flujo? Está viva la exhibición?



Cuando visité a Colomba en su taller me pareció que su exhibición, era de algunamanera, un plan para transformar a la Galería NAC en un organismo (una especiede biología contenedora por la que circulan unos nutrientes). De alguna maneratodo espacio de exhibición (con un programa activo), es una arquitectura con unánimo digestivo. Las exhibiciones la ocupan, luego la abandonan. Esto quieredecir que la sala se llena de “cosas” las que luego salen para darle lugar a otras“cosas nuevas” (la siguiente exhibición), como sucede con, por ejemplo, unestómago. La digestión de mi comedor o el baño es mucho más lenta que la de unespacio de exhibiciones, donde lo que ingresa (siempre que no sea un cuerpovivo), demora mucho en ser expulsado, estos espacios se mueven más rápido quela montaña, pero sin dudas aspiran a su velocidad. Me mostró grandes rollos depapeles adhesivos que capturan arenas. Colomba retira el film que protege elpegamento a tirones, rompiéndolo con mucha gracia, luego espolvorea arenas quese detienen en la superficie adhesiva. Hay en el arte muchas de estas estrategias,donde una superficie (por lo general rígida) captura unas partículas que, una vezfijadas a la superficie, generan una composición. El cuadro, por ejemplo, opera enesta lógica. Estos trabajos me parecieron como una artesanía amplificada, unacosa que se me hace de alguna forma familiar, pero que nunca había presenciadode este tamaño. Me evoca un gran tejido (biológico) afectado por una especie deabrasión a la inversa, una duna delgada -casi raquítica-, plana. Pero insisto en queme recuerda a una duna, y no a una representación de una duna. Creo que lo quevemos es el resultado de una operación, un gesto formal, no uno imitativo,mimético. El resultado recuerda a una duna, pero no es que la artista la tenga dereferencia al momento de trabajar. Además, ambas cosas (una duna y estascomposiciones de Colomba) están hechas de lo mismo, uno podría decir que,incluso, de muy cerca son iguales. Me acuerdo de mi mamá advirtiéndome que, sime seguía tragando el jugo en polvo sin diluirlo en agua, me iba a teñir por dentro.Y probablemente tenía razón, qué tipo de psicodelia estomacal tuvieron quepresenciar mis parásitos, una especie de arte rupestre de la carne hecha decolorantes.







Y si la Galería es una arquitectura digestiva, esta exhibición es unapresencia que se despliega como una saliva que recorre el espacio, una especiede gran mancha -a veces plana, a veces volumétrica; a veces dura, otras blanda-una forma adaptativa con una estrategia de ocupación espacial muy fluida – aveces como la pintura, a veces como la escultura, otras como un animal o comoun trozo de suelo silvestre. Un poco como una luz que entra llegando a todos losrincones, trepando como un suspiro, haciendo presencia como si no lo pudieseevitar. Un poco como el Jugo Yupi, saliendo de un sobre, ingresando a (otro) unaobscuridad húmeda y viva, en la que se diluye y se vuelve superficie. Unaexplosión líquida, pero que una vez llegó a todas las esquinas posibles pierdehumedad y se convierte en manto a la inversa, papel mural al interior de una tripa.



Son las esculturas cuerpos vivos que, luego se petrifican (una vez terminadas). Es quién esculpe, una especie de motor de la forma, el diseño de un movimiento? La ausencia del escultor respecto de la escultura es el tiempo de la conclusión, una especie de muerte de lo duro, de lo que no se pudre (una muerte bella y permanente). Colomba nos propone una suerte de escultura como un ser que se produce a sí mismo, una aridez viviente que sabe esculpirse a si misma.

El esqueleto es un poco eso, una dureza que sabe crecer y que conoce el camino para edificarse. Absorbiendo calcio el esqueleto practica su propia digestión. Mientras los tejidos blandos (que lo rodean) son cuerpos para el flujo constante, el hueso es una especie de roca que respira, que se nutre, un coral sumergido encarne viva. Esta carne que lo abraza, además lo moviliza, esta colaboración -entre lo blando y lo duro- deviene ser. Volvemos a esta imagen de colectivo de cuerpos que no permiten que la ciudad esté terminada, no dejan de construirla. En esta relación la ciudad se comporta como lo vivo sin ser más que torres de concreto, fierros, vidrios. Este contacto vital de lo que se mueve con lo que no sabe hacerlo, que termina por movilizarlo. En el ataúd el esqueleto se queda sin su carne, inerte como una cosa con forma de cuerpo que se le olvidó como se vivía. El esqueleto no cambia, solo se despegó del abrazo vital con la carne. Pero en esta exhibición, dónde está la carne. Colomba le enseñó acaso a unas piedras a actuar? Le explicó a lo duro cómo se crece, como se avanza por el espacio? Convirtió piedras en plantas, esculturas en seres? Esta exhibición es como un bosque de partes secas, un lugar como una boca de piedra.
Texto escrito por Javier González Pesce



